Comunidad Ambiental virtual abierta creada por vecinos de la ciudad de Mercedes Pcia. de Buenos Aires, Argentina


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09/04/09
La  venganza de la naturaleza

Como si los argentinos no tuviéramos ya suficientes problemas –recesión, inseguridad, accidentes de tránsito- esta vez la naturaleza –no contenta con la sequía- nos preparó otra sorpresa: el “dengue”, una enfermedad infectocontagiosa grave, causada por un virus trasmitido por el mosquito Aedes Aegypti, que al picar a las personas provoca brotes epidémicos en la población.

Parece que los mercedinos también tendremos que enfrentarnos al fantasma del “dengue”. ¡Y ahora quien podrá salvarnos! gritamos todos…y el Municipio salió rápido a aclarar que ya se había fumigado las orillas del Río Luján y los canales a cielo abierto, y se habían arrojado líquidos larvicidas en la mayoría de las cavas. Ahora bien, ¿será ese trabajo realmente efectivo?

Para el Dr. Nicolás Schweigmann, director del Grupo de Estudios de Mosquitos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires e Investigador del Conicet, definitivamente no es un trabajo efectivo.

Él sostiene que el Aedes aegypti, “es un mosquito exclusivamente doméstico, no existe en las lagunas, en los ríos, en los charcos ni en las piletas de natación, está dentro de las viviendas porque se cría en muy pequeños recipientes”. Deposita sus huevos en receptáculos que contengan agua limpia, por ejemplo: botellas, cubiertas de auto, latas, tambores y hasta tapitas de gaseosas. El uso intensivo de insecticidas con los que se lo quiere combatir, provoca desequilibrios ecológicos graves al eliminar los insectos útiles que se alimentan de las larvas de otro tipo de molestos mosquitos,  que “sí” viven en lagunas, canales, zanjas y estanques. El efecto de esos productos puede también ser letal para sapos y peces, que son los predadores naturales de muchos insectos dañinos que terminan haciéndose resistentes a los químicos.

Muchos recordarán al Río Luján y a los arroyos como eran hace unas cuatro décadas atrás. También se acordarán de los canales de calle 16 y de calle 15, comunicados con zanjas y cunetas que rodeaban la ciudad, y de algunas cavas donde nos bañábamos. En esos tiempos, desde el río hasta el más pequeño hilo de agua, “hervía” de mojarras, chanchitas y madrecitas, pequeños peces que incluían en su dieta -como plato principal- las larvas de mosquitos. Pero llegó el “progreso” y grandes empresas (curtiembres, textiles, fundiciones de plomo) por el afán de obtener mayores ganancias, no trataron sus efluentes y arrojaron todas las porquerías sin remordimientos por cualquier lado. Para completar, algún que otro intendente hizo lo mismo con los líquidos cloacales. Así fue como hicieron desaparecer a los beneficiosos pero invalorados peces, de las cavas, zanjas, canales, arroyos, y hasta del mismísimo río.

Hoy no hay tejido mosquitero, ni repelente, ni aerosol, ni pastilla que nos alcance, y no paramos de rascarnos. Sin embargo, estudios hechos demuestran que ciertos peces deberían usarse a modo de control biológico, aún de enfermedades como la malaria o el paludismo. Se observó que consumen las larvas en el agua –llegan a 1000 por día cada ejemplar-  y también a los mosquitos que se posan en la superficie. Es de esperar entonces, que antes de seguir arrojando insecticidas y larvicidas, se analice con cuidado y seriamente el impacto de esos químicos en la naturaleza, porque esta visto que ella no perdona y… a veces se toma revancha.
                   
Javier Moleres
Vecinos Preocupados por el Ambiente
Comisión Cooperadora Museo Carlos Ameghino