Comunidad Ambiental virtual abierta creada por vecinos de la ciudad de Mercedes Pcia. de Buenos Aires, Argentina


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25/04/09
Dengue: origen del virus y del mosquito vector en Latinoamérica
Los  mosquitos Aedes Aegyti y Aedes Albopictus fueron introducidos en nuestro continente durante la colonización europea. La fumigación no es la solución al problema sino que lo agrava, generando un desequilibrio ecológico.

Aedes Aegyti es uno de los mosquitos trasmisores del  virus del dengue, al igual que Aedes Albopictis. Es necesario que comprendamos que estos mosquitos conviven con nosotros desde hace cientos de años, y que no hay que alarmarse por su simple presencia sino tomar precauciones, ya que para que exista la enfermedad estos deben estar infectados con el virus.

Origen de los vectores y de los virus
Los  mosquitos Aedes Aegyti y Aedes Albopictus fueron introducidos en nuestro continente Americano durante la colonización europea. Estos mosquitos son originarios de las selvas tropicales de África y los virus que pueden transmitir (que aún se discute sobre su origen), han sido introducidos por medio de estos. En el lugar de origen los virus han co evolucionado junto con sus hospedadores naturales, de forma que no provocan enfermedades severas en estos, o bien son leves y autolimitadas. El problema surge al entrar en contacto con hospedadores que no son naturales como el ser humano y sobre todo con seres humanos que nunca estuvieron en contacto con estos virus. Varios de los virus que producen enfermedades severas lo hacen  cuando infectan organismos diferentes a sus hospedadores naturales. Esto sucede debido que al no estar en contacto con este virus nuestro sistema inmune no ha desarrollado las defensas necesarias. Así fue que la viruela diezmó poblaciones enteras de nativos americanos con la llegada europea. También ocurrió en la década del 30, con la epidemia de la fiebre amarilla (que también es transmitida por Aedes Aegypti).  En ambos casos, esto se vio aumentado debido a las crisis que se vivían en esos momentos; que como hoy en día y aún vigentes, generan desnutrición y en consecuencia bajas defensas y muerte.

La expansión de la fiebre amarilla estuvo asociada a la tala de las selvas y bosques en aéreas tropicales y subtropicales, donde se había instalado el mosquito invasor, y como consecuencia  de esa deforestación y aumento de la población urbana esta especie se fue adaptando a vivir en ambientes  humanos. Así se hicieron cosmopolitas al igual que el hombre, y la sangre humana se convirtió en alimento preferencial para sus hembras. Es por eso que vive, se reproduce y alimenta en los ambientes domésticos, depositando sus larvas en aguas claras acumuladas en tachos, floreros, neumáticos, botellas, vasos, latas, etcétera.

La fumigación para erradicar a los mosquitos transmisores de virus nos ha demostrado en la historia que no es la solución al problema. Todo lo contrario, es uno de los tantos factores, ya mencionados, que lo generan.  Podrán erradicar el mosquito por temporadas, pero siempre van a surgir otras variedades resistentes al veneno, y con peores consecuencias para la salud humana, como sucede con el dengue hemorrágico. Y nos fumigan sin previo aviso cuando ya están comprobadas las consecuencias en el uso de insecticidas.

Consecuencias de las fumigaciones
En este caso, se utilizan mayormente compuestos piretroides, y se conocen varias enfermedades provocadas por los efectos secundarios de estos venenos; hormigueo en parpados y labios, irritación en los ojos y en las mucosas, vómitos, estornudos y escalofrió, y entre los síntomas crónicos, ampollas, alergias en la piel, inflamación en los pulmones y alteración hormonal. Es decir, se reduce tal vez la presencia del mosquito a base de enfermarnos más, y generando un desequilibrio ecológico ya que no sólo se elimina al mosquito sino también a sus predadores como los sapos, murciélagos, aves y otros insectívoros. Seres que son quienes mantienen controladas a estas epidemias.

Pero aún así se siguen utilizando las mismas prácticas, fumigando poblaciones enteras,  y preparando vacunas para generar una inmunidad artificial en los humanos (y que no a todos les llega), cuando esta se desarrolla naturalmente.

Es hora de que aceptemos nuestros problemas como sociedad, que empecemos a cambiar este modelo que nos enferma, nos enceguece, nos domina y explota, y empecemos a vivir digna y saludablemente en armonía con nuestro ecosistema.

Florencia Siri
Lic. En Ciencias Biológicas
Asociación Mercedes Ambiental