08/05/09
Charla sobre soberanía alimentaria y ecolocalismo
El pasado viernes 8 de mayo participamos de la apertura de un ciclo de charlas en la Escuela de Educación Agropecuaria Nº 1 de la localidad de Duggan (partido de San Antonio de Areco). Fuimos invitados por quienes lo organizaron, “Grupo Ambiente” de San Antonio de Areco, vecinos que piensan en el desarrollo municipal sustentable. Se puede saber más en www.grupoambiente.com.ar.
La charla comenzó con una presentación visual sobre las actividades comunitarias y sustentables que los alumnos, profesores y personal auxiliar, desarrollan en la escuela: cría de animales, producción de miel, huerta, cocina y talleres culturales.
Para hablar de “Soberanía alimentaria y ecolocalismo” estuvo Adolfo Eduardo Boy, profesor titular extraordinario de Horticultura en la Facultad de Agronomía y Ciencias Agroalimentarias de la Universidad de Morón, y miembro del Grupo de Reflexión Rural Argentina.
Al inicio de su charla, se proyectó el video “Antes de que caiga el último árbol”, que sirvió como introducción para las reflexiones. Disertó sobre el modelo agro exportador actual y alternativas sustentables, en los que marcó la necesidad del desarrollo productivo local en materias alimenticias naturales.
Recuperar nuestra soberanía alimentaria, que implica nuestro derecho a una alimentación sana, donde las comunidades tengan la posibilidad de producir y de comer lo que es típico de sus culturas, que es gustoso para su paladar. “Cuando hay un pueblo con cultura hay una comida que lo reúne”.
“Debemos recuperar nuestros sabores y no seguir alimentándonos con productos químicos envasados. A la mayoría de la gente, le han hecho creer que ¡un danonino es más nutritivo y saludable que una manzana! Solo basta leer la información acerca de la composición de las productos que compramos para darnos cuenta que casi todo lo que se vende en las góndolas de supermercados no poseen sustancias alimenticias naturales”.
Además llamó a tener conciencia de que hay una crisis energética y hay que cuidar el agua. No dejó de lado cuestiones como la creciente urbanización, que desencadenan la violencia, y la mayoría de los virus que nos amenazan (dengue, gripe aviar, gripe porcina) que son consecuencia de la forma en que vivimos y producimos nuestro alimento. Cuestionó a la FAO, una “rama de la naciones unidas creada en 1945 para terminar con el hambre del mundo, que no hace más que estar llena de funcionarios que cobran miles de dólares”.
También habló sobre la tierra y el uso que se hace de la misma. “Si alguien piensa en distribuir la tierra, debe pensar para qué”.
Aseveró y destacó que “nos estamos acostumbrando a la fealdad, a la basura y a la monotonía, a la ausencia de la belleza que nos brinda la naturaleza.
Por otra parte, comentó la experiencia que se lleva adelante en plena Ciudad de Buenos Aires con el Hospital Italiano, la Universidad de Morón y el Pro Huerta, que tienen un predio de 16 hectáreas en el que dan 70 metros cuadrados a cada vecino que quiera sembrar y producir sus propios alimentos de manera orgánica.
Habló además de la agricultura sostenida por la comunidad, donde quien cultiva acuerda de antemano el precio, con un grupo de consumidores. Esto trae ventajas para quien produce, ya que dedica su esfuerzo a la producción y no al mercado. Recibe el pago por adelantado, lo que facilita el flujo de dinero. En tanto, las ventajas para los consumidores son que se comen alimentos frescos, con todo el sabor y valor nutritivo. Además no se pagan fletes, embalajes, no se genera basura y disminuiría el transito de camiones por las rutas.
“Así se puede ver quién y cómo produce lo que come: la mejor garantía el rostro del agricultor”, dijo Boy en este sentido.
Por otra parte, planteó la necesidad de la revisión de leyes y ordenanzas, de la generación de biogas, de practicar la agricultura urbana, y llevar adelante ferias francas.
“El consumo local hace milagros, distribuye las riquezas donde se produce”, dijo. “Los municipios tienen capacidades que no aprovechamos muchas veces, porque la comunidad no presiona”, marcó.
En sus palabras finales, pidió rescatar la buena comida, elaborada, hecha con amor, para volver a enamorar a “nuestros hijos”.




