25/09/09
Está siendo envenenado en su propio hogar y nadie le da respuesta
Por las noches debe soportar “algo en el aire” con olor muy fuerte que parece una mezcla de nafta, querosén, tolueno, acetona y naftalina, le causa dolor fuerte en lengua, garganta, bronquios, pulmones, ojos. El biólogo Ricardo Barbetti tiene en su hogar un jardín natural que fue declarado Patrimonio Natural y Cultural. Y exige que se investigue.
Esta es la historia del sufrimiento de una persona sensible a la que noche a noche alguien le envenena el aire que respira. Ha denunciado el delito reiteradas veces y en distintos estamentos y nada cambia. Debe volver a soportarlo como tortura y con frecuencia. Sucede en La Lucila, Vicente López, provincia de Buenos Aires.
Ricardo Barbetti es biólogo del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”. Vive en el barrio La Lucila rodeado de un jardín natural que fue declarado Patrimonio Natural y Cultural de Vicente López, y Hábitat Silvestre por la Federación de Vida Silvestre (NWF) de Estados Unidos. Tiene casi 200 especies de plantas nativas de Buenos Aires, más de 50 especies de aves y mariposas, en libertad. Su jardín ha sido visitado por botánicos, viveristas, fotógrafos y paisajistas del país y del extranjero.
Pero a pesar de la belleza que lo rodea, está afectado por un fantasma invisible.
Casi todas las noches, desde hace más de dos años tal cual denuncia, despierta con un dolor fuerte en la garganta, tráquea, pulmones, toda la boca y lengua, ojos, causado por algo en el aire con olor muy fuerte que parece una mezcla de nafta, querosén, tolueno, acetona y naftalina, otras veces el olor es parecido a grasa de animal, o a cianuro, amoníaco y detergente.
A Ricardo esta situación le provoca una sensación de angustia, peligro, daño y desamparo. Entre los efectos que describe habla de contracciones bruscas y fuertes de esófago, estómago, intestinos. Dice que se le hinchan la lengua, los labios, las mejillas, los párpados. Le causa picazón en la piel en varios lugares de la cabeza y la cara. Cambia de habitaciones pero es lo mismo.
Siente un gusto muy amargo y muy fuerte. Siente aturdimiento y desesperación. En esta situación tuvo taquicardia varias veces por bastante tiempo, latido irregular, dolor y molestia en el corazón. Siempre pasan las horas y el olor sigue hasta el amanecer.
Desde hace meses por el envenenamiento se siente desmayar durante horas y no puede enfocar bien los ojos y le cuesta escribir. No sabe qué hacer. Todo esto ya le pasó en cientos de noches y madrugadas.
“¿Dónde puedo ir? ¿A quién puedo llamar?”, se pregunta. Está solo. Casi todas las veces que fue al hospital le hicieron esperar más de dos horas, no saben qué hacer con su caso, les molesta que vaya por eso, ya le pasó varias veces.
Defensa Civil y el municipio de Vicente López ya lo conocen porque los llamó muchas de las veces que pasaba todo esto. Pero no quieren hacer nada por él, no saben qué hacer, los que vienen cuando llama al teléfono 911, menos, no están preparados para este problema.
No encuentra soluciones y nadie se las da, nada de lo que hacen o haga da resultado. Siente que es cada vez peor a medida que pasa el tiempo, envenenado, sin poder dormir, cansado, mareado, aturdido, sin poder hacer nada.
A la mañana siguiente después de pasar noches así tiene en la garganta flema densa que escupe con el gusto concentrado y olor amargo y picante del veneno que hay en el aire. Orina mucho, cada pocos minutos, y en la orina también está concentrado el olor del veneno.
La causa más probable, afirma, son los productos de la industria de la construcción, pinturas, barnices, protectores de madera, impermeabilizantes, y otros, que dan vapores tóxicos. En Vicente López hay una gran cantidad de edificaciones nuevas
Le dijeron que un lustrador de madera que usan para arreglar muebles antiguos da vapores tóxicos. Cerca de su casa hay varios comercios de muebles antiguos. Le dijo esto a una persona de la Dirección de Salud Ambiental, quien le contestó que “si seguía llevándole sustancias nuevas no se iba a poder trabajar bien”: “No se interesó nada en el dato y siempre se negó a que se le envíe información por correo electrónico. Unas pocas veces me llamó por teléfono y después desapareció por meses durante los que sufro casi todos los días este problema. Me trata como si yo fuera el culpable. Es increíble. ¿No le interesa resolver el problema?, ¿salvar a la gente del sufrimiento, daño, muerte? ¿Sólo le interesa que su trabajo no se complique? ¿Cómo puede ser?”, se pregunta Ricardo.
“En el espejo veo que desde que empezó la intoxicación por aire mi cara está deformada, contraída, asimétrica, con mueca de angustia y ojeras y arrugas más marcadas, cuello con tirantez y pliegues. Siento y veo en mí un envejecimiento acelerado, parece más de 30 años en 2 años”, afirma.
“El viernes 18 de septiembre llovía desde el día anterior, se dice que cuando llueve mucho, algunos vuelcan residuos venenosos en lo desagües, una hora típica en que lo hacen es las 3 de la mañana, para que no los detecten los inspectores. Es a esa hora que estaba siendo envenenado en ese momento y sucedió en esas horas muchas veces anteriores. No puedo esperar más. Necesito que se haga algo”, apunta Barbetti.
“Es necesario y urgente que un juez o un fiscal ordene una investigación para que pronto se averigüe qué venenos me están dañando, de dónde vienen, y qué es necesario hacer para que esto no siga, antes que sea demasiado tarde”, comenta.
Ricardo Barbetti está desganado, enfermo, dañado, débil y no tiene medios ni experiencia en investigar este problema y a quienes reclama parece que todos dejan pasar el tiempo, feriados, fines de semana, vacaciones, fines de semana largos, como si no pasara nada. Le dicen que tenga paciencia, que esto es largo. “Para mí es una urgencia, una emergencia, casi todos los días sufro una tortura física y mental que está arruinando mi vida”, resalta.
Seguramente más personas sufren este problema, más víctimas del envenenamiento del aire como consecuencia del falso progreso, del consumismo, del materialismo. El biólogo Ricardo Barbetti es una persona sensible, pero con el tiempo todos tendremos los síntomas de estas aberraciones a la naturaleza y a nosotros mismos.
Parece increíble o difícil de creer que tanta gente sea cómplice y que dejen perpetuar esta agresión a las personas y a la naturaleza sin disimulo hasta que no haya pruebas que demuestren lo contrario o lo compruebe la ciencia, en la mayoría de los casos cuando hacen algo ya es demasiado tarde, una estrategia tal vez.
Hay personas más sensibles, que no son capaces de adaptarse a venenos innecesarios y excesivos, que no tendrían que existir.
Estamos manejando la naturaleza, la estamos destruyendo, todos los días se extinguen especies animales y plantas.
Otras personas están agredidas por industrias, otras por acopiaderos de semillas, por carreteras, por fumigaciones de cultivos transgénicos, por residuos industriales, porque su vecino quema basura, por negocios inmobiliarios, por basurales a cielo abierto, por químicos que se usan en el hogar, por alimentos transgénicos que se consumen, por el agua contaminada y la lista podría seguir.
Ricardo Barbetti estuvo en la ciudad de Mercedes en marzo de este año para dar una interesante charla en el Museo de Ciencias Naturales Carlos Ameghino, de la cual está disponible el audio completo en este sitio.




